domingo, 20 de mayo de 2012

Diluvios y restauración

Segunda jornada pasada por agua en Somosaguas. Mañana gélida al más puro estilo diciembre, humedad  altísima, nubes cada vez más negras que vienen poco a poco acompañadas por ráfagas de viento huracanado que se filtra por los huecos del toldo blanco y los riñones de los supervivientes.

Los excavadores ataviados con forros polares han hecho frente valientemente a los aires de temporal durante toda la mañana y a las 13h30 hemos parado para comer hasta las cuatro con al esperanza de que pudiéramos excavar más. En cuanto nos hemos puesto por la tarde ha brillado el sol insólitamente. Esperanzados nos hemos lanzado a la tarea hasta casi la hora de terminar, cuando ha estallado una tormenta tal que hemos vuelto hacia Madrid en coche bajo una cortina de aguaceros y granizos y gran dificultad para ver la carretera desde el coche.


Como era probable que tuvieramos que dejar de trabajar, hemos decidido dar prioridad a los fósiles que ya habían aflorado y Enrique se ha dedicado a la restauración de dos dientes que han ido saliendo durante la semana, un molar superior de Anchiterium (izquierda) y un fragmento de molar de Gomphoterium que sacó Marco ayer (derecha).


El día ha concluido con un yacimiento parcialmente inundado y las cuadrículas más determinantes cubiertas con plásticos. La mandíbula y su entorno se han inundado a la hora de comer y hemos tenido que achicar con botellas de agua y badiles los charcos clave.


La conversación del día: Batallones y su mundo: cuando empieza, quien excava, qué sale, etc.

La compañía del día: ¡El frío! sin duda. Y el temor de Blanca a que la partiera un rayo pululante...