miércoles, 21 de mayo de 2014

Lección 1: ¿Qué son los huesos? ¿Cómo se identifican?



Cuando "nos enfrentamos a un hueso", esto es, a su identificación, conviene que nos hagamos una serie de preguntas relacionadas con su forma y con su función. Los huesos, como las rocas pueden hablarnos si les sabemos escuchar...

Los huesos están compuestos por componentes orgánicos e inorgánicos. Existe un componente mineral que es un compendio de calcio y de fosfatos llamado hidroxiapatito, que se forma alrededor de una matriz orgánica contiene colágeno. A medida que el cuerpo y el hueso se descomponen, esta matriz orgánica desaparece, mucho antes de que el componente mineral del hueso sea afectado.

La morfología de los huesos

La forma de un hueso está determinada por su función al tiempo que la función queda determinada por la forma. Por ejemplo, los humanos usan las extremidades delanteras para manipular y llevar objetos y una vaca las usa para caminar y soportar la mitad craneal de su cuerpo. Tiene sentido, entonces, que las extremidades delanteras de la vaca sean más masivas por ejemplo.

Es importante, para familiarizarnos con los huesos, conocer las palabras que definen su ubicación y la de sus facetas. Así, por ejemplo, en humanos hablamos de anterior y posterior para referirnos a los huesos de delante y de detrás, y en los animales de ventral y dorsal.


A la hora de encontrar un hueso es importante seguir una serie de pautas para su reconocimiento:

1.- Tratar de identificar el hueso del que se trata (fémur, húmero, ulna, etc.) o, en defecto, a qué parte del cuerpo puede pertenecer: si es largo, corto, craneal, post-craneal, de las extremidades delanteras, traseras, etc.

2.- Hemos de fijarnos en la articulación de ese hueso con otro(s). El área de articulación está designada para “facilitar” el movimiento entre huesos y consiste en una superficie lisa que se separa un hueso de otro por una capa de cartílago, a veces rellena con un lubricante llamado “líquido sinovial”.

3.- Hay que mirar también el área del origen o de la inserción de músculos (o tendones) y/o ligamentos. Se trata de una zona áspera y normalmente en relieve. Por regla general, cuanto más largo y poderoso es un músculo, más área del hueso necesita para “anclarse”.

4.- Tras haber identificado el hueso en cuestión y las áreas de articulación y de inserción muscular, podemos preguntarnos si se trata de un individuo maduro, infantil o juvenil. Cuando nacemos los huesos no están formados completamente. En ciertos puntos del cuerpo un cartílago existente al nacimiento se transformará en hueso a medida que crecemos. Esta “osificación” consiste en la incorporación de sales minerales al cartílago, reemplazando su conformación original de sustancias orgánicas por sales de calcio y magnesio. La fase de crecimiento en la que se encuentra el hueso puede indicarnos si se trata de un individuo infantil, juvenil o adulto.


Los huesos y la locomoción

Es asimismo importante entender que las diferencias en los modelos de locomoción se reflejan en la morfología de los huesos, facilitándonos la identificación de la especie a la que corresponden.

El esqueleto de un ciervo, por ejemplo, refleja la necesidad del animal de moverse rápido. Un alce necesita moverse rápido pero es más grande que el ciervo, así que sus huesos son más masivos. La vaca es un animal masivo que no se mueve rápido, al igual que u elefante o un mastodonte, así que sus esqueletos soportan más peso sin necesidad de velocidad. Los caballos son animales grandes y rápidos con esqueletos significantemente diferentes a otras especies mientras las ovejas y las cabras son animales más pequeños, con bastante peso respecto a su altura, y una necesidad moderada de movimiento y los gatos, por ejemplo, son corredores rápidos con poco peso. Todo se ve reflejado en la forma de sus huesos, de forma que conocerlos nos ayuda a conocer a las especies y conocer los hábitos de las especies nos ayuda a inferir la morfología de sus huesos también…