lunes, 6 de mayo de 2013

Aventuras y desventuras de un frikiejipero en Atarfe. Volumen 3.


Episodio 3: de ammonites y camas elásticas

Despertaba el último día del EJIP y todos estábamos un tanto tristes porque se acababa y porque después del día anterior no había ninguna gana de madrugar para ir al campo. No sé si era el sueño, el dolor de cabeza o cualquier otra cosa, pero sentí cómo se abría la puerta de la habitación y aparecía Eloy con intención de dejar allí sus maletas. La cuestión era ¿qué hace este tipo, con una habitación para él solo, dejando las maletas en nuestro cuarto? ¿Por qué tenía una llave de nuestra habitación? Y hablando de todo un poco ¿cuántos pelos tiene un coco? Posiblemente las respuestas fueran sencillas, pero mi estado físico y mental no me permitía pensar, y menos a esas horas de la mañana.


¡Por la unión de vuestros poderes soy el Capitán Planeta!
La hora de partir se acercaba. Se repartían las guías y los bocadillos, pero echábamos de menos a Adri e Irene, que se supone venían con nosotros. Muy cerca de la hora señalada les vemos aparecer, apurados, y decidimos pegarles una paliza preguntarles sobre las causas de su demora. Y aquí es donde todas mis preguntas (bueno, realmente las dos primeras), obtuvieron respuesta. Por lo visto, las habitaciones de cuatro personas se convirtieron en las candidatas ideales para que todos los ejiperos dejaran sus maletas durante la salida de campo. En nuestro caso no hubo conflicto, pues los cuatro habitantes de la 107 estábamos en pié dispuestos a ir al campo. Pero los de la otra habitación cuádruple, entre los que se encontraban Adri, Irene, Mely y Miguel, seguían en su plácido sueño. Conclusión: la gente entrando y saliendo de su habitación mientras unos se cambiaban y otros intentaban dormir más porque no tenían campo. Vamos, algo parecido a esto:


Desde hacía semanas, Eloy y yo nos dimos de ostias debatimos amistosamente sobre qué salida de campo escoger para el congreso. Todos optaban por la conocida como “la salida del Mesozoico”, pero tuve que llegar yo y dejarles claro que en el Mesozoico de las Béticas no había dinosaurios, por lo que el resto de paleofrikis decidieron apuntarse a la salida del Cuaternario, más conocida como “la otra salida”. Ya desde antes de empezar se veía claramente que nuestra elección fue la mejor, pues nuestra guía estaba redactada en inglés, que mola mucho más. Sin embargo, había unos cuantos paleontólogos (y un arqueólogo) que cayeron en la trampa y se vinieron con nosotros. Después de unos cuantos escarpes de falla, unas estratificaciones cruzadas, unas superficies kársticas y demás cosas chulas geológicas, la cara de nuestros amigos bichólogos era un auténtico poema. Pero en seguida encontramos la solución: dejamos a los niños entretenidos recogiendo ammonites en una curva, mientras que nosotros nos fuimos a ver un slump.

Como los de la otra excursión aún no habían llegado, nos sentamos en la terraza del bar a esperarles. Cuando llegaron, el entusiasmo de Eloy, al que le pones un hueso de pollo enterrado y ya alucina, contrastaba con la tremenda decepción de Iris y Noe, las cuales nos confesaron que se aburrieron, que nuestra salida era muchísimo mejor, que la geología les encantaba, que realmente les gustaba la geología pero que se matricularon en biología por el qué dirán y que Pablo y yo éramos los seres más atractivos que habían visto nunca, por encima incluso de Leonardo Dicaprio (en su etapa de “Titanic”, no ahora que está gordo) y el Pito de Brad, conocido allí en su tierra como Brad Pitt. Emocionados por esas palabras llenas de sinceridad, Font y yo fuimos a comentar la jugada con J & Co, pero se nso habían adelantado y estaban… ¡en las camas elásticas! ¡Al fin podíamos cumplir nuestro sueño! Así que Eloy, Pablo, Irene y yo nos arrojamos a esos ingeniosos artefactos y saltamos, saltamos sin parar como si no hubiera mañana, poniendo nuestras vidas en juego (nunca saltéis en una misma cama elástica con Eloy. Podéis sufrir fracturas graves).

El futuro de la paleontología española
Y fue allí, en el fin de todas las cosas, cuando alguien nos despertó de nuestro sueño saltarín y nos dijo que teníamos que regresar, pues se nos hacía tarde. El mundo se nos vino encima. ¡Había acabado el EJIP! Llegaron las despedidas. Habría gente a la que no volveríamos a ver en mucho tiempo y otros a los que, desgraciadamente, volveríamos a ver todos los días, como el Sr. Manzanero (¡Qué suplicio de hombre, Dios mío!). Unos partirían hacia el norte, otros se quedarían en Granada, pero nosotros cuatro, Chechu, Angelillo, Paco Font y yo, partimos rumbo al este, hacia las salvajes tierras de Almería, para vivir una aventura geológica y cinematográfica inolvidable en el Cabo de Gata. Pero eso ya es otra historia…

No debo acabar esta serie de entradas sin agradecer a todos los organizadores del XI EJIP por su empeño y dándoles la enhorabuena por su gran trabajo, así como a toda Atarfe por su hospitalidad, en especial a esos niños que nos encontramos por la calle y nos dijeron que éramos unos científicos locos. ¡Gracias a todos!

PD: Esta ha sido una versión oficial de lo ocurrido en el XI EJIP. Si queréis contrastar información, os recomiendo visitar el blog deEloy, donde se relata de forma más veraz y seria lo que realmente ocurrió durante nuestra estancia en el congreso. Espero que lo disfrutéis.